Estoy detrás de un poema de Gil de Biedma en el que el hombre se quejaba de los inviernos duros y luego fatigaba el litoral catalán por ver si llovía o no. Era algo así: recuerdo detalles inconexos. Yo no aseguraría ahora si es de Gil de Biedma o es de Ángel González y en vez del litoral catalán era el cántabro o el andaluz. Vengo notando que pierdo la noción exacta de las cosas. Parece confirmarse lo que ya barruntaban mis abuelos: que se adelantan las lluvias y el gobierno, reunido en emergencia, ha dicho que a río revuelto, ganancia de poetas, que a todo los poetas le sacan punta, afiladores del mal ajeno y testigos convulsos del rocío en la madrugada.
Los años cobran siempre sus tasas: esto ya lo he escrito por algún lado, pero me conforta. También he garabateado alguna impresión sobre la niebla: ” a ras de niebla, Dios oye el latido del mundo”, pero no tengo la certeza de que sea mío del todo. Igual es de un poeta ruso de librería de La Corredera, en Córdoba.
Si Dios oyera mi latido, estaría perdido. El azar no me obsequió con la fe: me abasteció de vicios, me blindó exquisitamente contra el aburrimiento, pero no me dio esa sensibilidad para ver, entre la retorcida usura del mundo, la voz de Dios, el ojo de Dios, el manto benéfico de su pristina Palabra. Juro que lo he intentado, juro que he asistido a todos los actos en los que pudiera empaparme de su obra, aunque salí más enconadamente enfrentado a sus cofrades, a quienes vocinglan su parlamento. Si Dios oyera mi latido, sabría cuántos pájaros vuelan en este instante por encima del tejado de mi casa. Así era el argumentum ornitologicum de Borges. O era Milan Kundera. O tal vez ninguno y todo se avenga a la febrilidad de mi memoria que, al no precisar, desbarra y fomenta que cuanto digo pueda parecer impostado, levantado desde el hastío hasta el aire, sin esfuerzo, para que picoteen las nubes.
Dean Hamer escribe El gen de Dios ( La esfera de los libros, 2.006 ). Reconocido microbiólogo, se vuelca a investigar si nuestra sensibilidad hacia lo religioso depende de algún mecanismo genético. Al carajo la Cultura. Todo se queda en arcano ADN. La policía Científica será, en adelante, el Tribunal de la Santa Inquisición Moderna.